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martes, 5 de abril de 2016

Después de conocerte



¿Recuerdas acaso aquella lejana vez que nos cruzamos algún tiempo sin relojes en el que coincidimos cuando presentaste tu primer libro? Sí, soy yo la misma a quien le autografiaste el libro y cuyo nombre te sonó tan familiar a pesar de nunca antes haberme conocido. Pues, tengo algo que contarte.
En un plano diferente, tiempo después cuando ya no coincidimos en edad pero sí en ganas de conocernos y de compartir algo más que un apurado intercambio de palabras, te encontré y allí estabas, maduro, un hombre hecho y derecho, con una timidez olvidada y más que decidido, y a pesar de tus grandes logros y de ser tan interesante en todos los aspectos, había en ti un intento acertado de modestia que a veces aparentaba humildad, humildad de saber que todo lo logrado fue gracias a tu esfuerzo, pero a la vez de no olvidar lo que te tomó llegar a donde estás.
Debo confesarte que, a pesar de haberte conocido en ese preciso momento quince años atrás y de la atracción que sentí por ti cuando te escuché hablar; supe efectivamente que no eras mi amor; mi amor aún me habría de encontrar tres lustros después para hacerme caer rendida a sus pies, perdidamente enamorada, sin retorno.
¿Te gustaría saber cómo serás en el futuro? Sé que es capcioso conocer aquello que sucederá con uno mañana, porque tal vez al saberlo ello implicaría cambios prohibidos en el presente que terminarían por afectar en demasía el futuro, pero no te preocupes, que esta carta peca de inocente y no causará mayor estragos que un amor estable y puro dentro de algunos años.
Déjame que te describa cada una de las características que te componen, en el hoy mío, en el mañana tuyo: Eres el hombre perfecto, la pieza que le faltaba a mi rompecabezas y todos los clichés de la historia universal “mi media naranja”, “mi otra mitad”, “mi complemento”, “mi alma gemela”, “el amor de mi vida”.
Te habrás de convertir –pues no sé cómo eras antes- en un hombre maravilloso, atento, gentil, romántico, hermoso por dentro y por fuera, inteligente (es evidente que siempre lo fuiste) y risueño; si hay algo que amo de ti es tu sonrisa, esa sonrisa con los dientes encimados tan característicos, tan representativos, tan tú. Pero sería una vil mentira afirmar que lo único que realmente amo de ti es tu sonrisa, no; no podría limitar tanto la lista, aunque tampoco podría enumerar todo, sería interminable.
Amo tu mirada, sí, esa mirada de cejas gruesas con una cicatriz en el lado izquierdo que enmarca con mayor intensidad cada gesto, cada pensamiento que se cruza por tu mente, esa forma en la que me miras y con la que me dices todo aun estando en silencio; tus manos, perfectas, son las que desde que nuestros caminos se cruzaron no soltaron las mías; tu voz, ¡qué maravilloso don! (Dios sí que te tiene un cariño especial), al hablar, al cantar, al susurrarme al oído lo mucho que me quieres y lo importante que soy para ti; está además ese otro atributo que más adelante conocerás, ese que tanto me encanta, ese que al ser alabado genera que una risa se te escape con el gesto infaltable entre incredulidad y sorpresa, ese que inmortalizaré en mármol dentro de algún tiempo.
Quererte me hace bien, me da energía, renueva el aire que respiran mis pulmones, me hace sonreír todo el tiempo, me permite ser vulnerable en tus brazos, que ambos seamos uno cuando estamos juntos y que mis manos puedan demostrar la alegría que me da volverte a ver (se me congelan, pero ya le vas a tomar el hilo a eso).
Pero lo que más me gusta de la interminable e infinita lista, es la combinación de dos seres: tú y yo; ni te imaginas el par que seremos en el futuro, debido a una conexión automática que tuvimos en un principio y que supimos mantener con el tiempo, acrecentando nuestro amor, que es una mezcla perfecta de todo aquello que nos gusta a los dos: pasión y dulzura.
No te esfuerces por acelerar el tiempo para encontrarme, falta mucho aún, pero cuando nos volvamos a cruzar te prometo que valdrá la pena, valdrá cada segundo de tu tiempo dedicado a mí, valdrá cada beso, cada caricia, cada momento, me encargaré todos los días de que te sientas tan querido como nunca antes y de ser tuya, siempre, como alguna vez en silencio te lo prometí.

No recordarás nada de esto ni aun cuando nos volvamos a encontrar, es mejor así, ya que el tiempo tiene sus razones y aún nos quedan algunas experiencias por vivir antes de que llegue ese momento que cambiará por siempre nuestras vidas, ese momento que entre bromas lo atribuirás a brujerías debido a que tu lógica no encuentra mejor (ni más descabellada) justificación a eso loco que habremos de sentir el uno por el otro. Nos vemos, amor mío, y aunque tampoco recuerde nada de esto, de alguna manera te estaré esperando, para que así, en el tiempo oportuno, nuestras almas se reconozcan y vuelvan a ser una sola.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Inoportuno: “Fuera de tiempo o de propósito”


Así debería de denominarte, ya que apareciste en mi camino “fuera de tiempo”, aunque tal vez, haya sido el tiempo exacto, no estoy segura, solo sé que no pretendo quererte como si no hubiera mañana, porque simplemente decirte adiós, podría acabar conmigo.

Las despedidas ya me cansaron, no podría decir que me aburrieron porque normalmente el dolor no deja mucho espacio como para que otro sentimiento comparta lugar con él. No deseo despedirme, me cansé de deshidratarme a puro llanto, sufriendo por la idealización de algo que nunca tuvo futuro desde sus comienzos; ya no quiero llorar.

Inoportuno pero encantador, ¿no es acaso más inoportuno? Sabes hacer todo aquello que hechiza, tus intenciones son francas y tus fuerzas inagotables, no te rindes, no te das por vencido, no pierdes un solo minuto de tu tiempo, y aquí estamos, tú con el Carpe Diem y yo intentando no exponerme, no sentir y por lo tanto, bajo ninguna circunstancia, enamorarme.

Aquí me tienes, pendiente de ti y de todo aquello que te rodea, y eres una completa sorpresa en mi vida, y rompes mis esquemas y yo los tuyos, y somos tan semejantes y tan diferentes a la vez, y no me aburres y me robas sonrisa tras sonrisa, y ya se me agotaron los artilugios para no caer perdidamente enamorada de ti.

Te quiero y me quieres, pero no deseo más, no sé ni qué deseo, solo sé que quiero encerrarme en mi mundo a esperar a que te vayas y que todo sea más fácil desde allá, adentro, en el fondo, sin escuchar tu filosófica voz haciendo preguntas retóricas existenciales que sin duda no puedo responder.

Y eres para mi desgracia un todo imperfecto, tal y como me gusta, y me conoces demasiado aún sin conocerme, y valoras mi unicidad y la destacas entre halagos, caricias y gestos, mi pregunta retórica-filosófica-existencial es la siguiente: ¿Por qué ahora? Muchas veces la vida, el destino o como quieras llamarle, nos presenta oportunidades únicas que simplemente no podemos dejar pasar; por lo general no encontramos la moraleja hasta después de mucho tiempo, si es que logramos hallarla. Estoy en medio de una duda magnífica, si eres así conmigo, si posees todas las cualidades que se me antojan, entonces ¿qué enseñanza podría sacar de enamorarme perdidamente de ti para luego decirte adiós?

Soy una persona que piensa en todo, que reflexiona, tal vez en demasía, pero por lo general no puedo evitarlo, y esto me lleva a preguntarme ¿por qué nos enamoramos de quién no pasará el resto de sus días a nuestro lado? No me refiero a una decisión tuya sino a que yo deba partir y dejarte así como si todo hubiera sido nada más que una linda experiencia de intercambio por unos cuantos meses.

Lo siento, no puedo arriesgarme tanto, no puedo invertir todo en amarte para luego tener que dejarte ir, soy tal vez egoísta o quizás simplemente débil, lo que es bastante triste; y de solo imaginarme esa escena, despidiéndome, oigo a mi alma apedazarse.

jueves, 22 de octubre de 2015

Pasado

Ha transcurrido más tiempo sin ti que ese brevísimo plano que compartimos, una vida atrás, o tal vez dos.

No puedo escuchar esas músicas que juntos vivimos noche tras noche, entrelazados en el silencio, no puedo simplemente pretender que ya te olvidé, eso implicaría suponer que no fuiste suficiente y ojalá no lo hubieras sido.

La primera canción que me habías dedicado hablaba de dejarte entrar a mi corazón, una letra cursi pero con un ritmo tan peculiar como tu personalidad, y en el coro decía que el amor aparece cuando uno menos espera y nada importa, ni el lugar, ni la edad, ni el tiempo. Es complicado conocer a tu alma gemela, a ese ser que te complementa, que encaja perfectamente contigo y que luego la vida decida que no es oportuno y que tal vez nunca se vuelva a repetir. ¡Gracias, Vida!

Los meses pasaron lentamente, al comienzo fue peor porque sabía que mis manos no estarían unidas a las tuyas por la eternidad, se sentían incompletas y vacías sin tus dedos enredados con los míos, como aquellas veces en las que podíamos tomarnos horas solamente para acariciarnos, para mirar cómo la mano del uno encajaba con la del otro como si no hubiera habido en la tierra mejor espectáculo, y no te mentiría si te digo que podría pasar nuevamente hora tras hora, haciendo exactamente la misma tarea.

Te extraño tanto que debo enfocarme en olvidar que exististe, pero día a día, a pesar de todo, sigues ahí, clavado en mi mente y ya se me están acabando las estrategias para sacarte de allí.

No nos dio el tiempo de tomarnos una foto, fuimos imprudentes al pensar que estaríamos siempre juntos, que no había apuro, que la única prisa que teníamos era la de vernos y envolvernos en besos y caricias hasta que la realidad nos pegara fuerte y nos dijera que ya era suficiente por ese día.

Y sé que te disfruté cada segundo, cada instante que te tuve conmigo, a mi lado y sé que no me puedo reprochar nada porque te di más en ese breve tiempo que a nadie en toda la vida mía.

En ese mundo de ficción tuvimos todo, pero no era más que eso, una ficción insostenible; un amor fundado sobre bases de nubes y aire en cuyo horizonte se divisaba un inminente colapso. Y pensar que nos dimos el gusto de planear nuestras vidas, juntos; la rutina que llevaríamos, y cómo estarías para mí y yo para ti, y así fue, y funcionó para nosotros por un tiempo.

Sin embargo, te extraño, te tengo aquí atragantado en el medio del pecho y no sé cómo sacarte de allí, a pesar de todo, a pesar de haber roto todo parámetro que establecimos implícitamente desde que nos enamoramos.

¡Ay! ¡Nos enamoramos! Sí, fue apresurado, loco, incoherente, absurdo, pero ¿acaso para el amor hay reglas o estándares? Y si las hay, no me interesa oírlas, solo me importa tu voz, tu tacto, tu calor y tu existencia, que ya no está cruzada con la mía, que tan atrás quedó, que ya no recuerdo cuándo fue, que ya no estoy segura si fue o no y no sé si te soñé o fue real. Sí, tal vez te soñé, tal vez te imaginé porque me es imposible aceptar el hecho de haberme enamorado de mi alma gemela y no haber tenido una oportunidad un poco más larga, con más trama, así, como para no olvidarte jamás y que me dolieras más al despedirme de ti, porque hasta el dolor de perdernos hubiera valido con tal de haberte podido disfrutar un poco más, solo un poco.

Debo dejarte ir, no puedo siquiera imaginar que habiendo sido uno, hoy seamos dos completos extraños que pretenden no haberse jurado amor eterno frente a aquella luna llena que fue el único testigo, callado en el silencio de esa interminable noche que llegó a su fin.

Ph.: Biera Cubilla