jueves, 14 de abril de 2016

Como en casa


Hacía ya unos años que se fue a vivir a Suiza, tuvo una oportunidad laboral temporal la que le consiguió un pariente y dejó atrás su tierra de azahares y ñandutíes.

Ya le había tomado el gusto a vivir en un primer mundo, el orden, los deberes, los derechos, el respeto e inclusive se había acostumbrado al clima; cada invierno aprovechaba para darse escapadas a las montañas con sus esquíes a cuesta.

Era ya un experto. Cuando necesitaba relajarse, despejar la mente, recurría a esa adrenalina que le generaba practicar el deporte invernal.

Para su mala suerte, una repentina avalancha interrumpió su paseo y lo dejó enterrado; poco a poco la nieve blanda y fresca lo dejó caer en una helada caverna que impediría que fuera rescatado. Como uno nunca supone que algo le irá a pasar, él no le comentó a nadie que iría a esquiar, tenía apenas algunas herramientas, agua y algunas barras de proteínas consigo que no le ayudarían a vivir más que unos pocos días.

Para su sorpresa, luego de investigar un poco el lugar, se encontró con otro ser viviente, un ser humano y como el mundo no es tan grande y su país menos, era nada más y nada menos que un compatriota suyo. Como todo paraguayo cuando encuentra a un paisano en el exterior, le saludó, ambos se abrazaron y dejaron caer lágrimas de felicidad, hablaron sin cesar, a pesar de que sabían que sus horas estaban contadas.

Disfrutaron de buenas charlas, hablaron en guaraní y fueron dormitándose al compás de unas gotas de agua que sonaban delicadamente al caer.

Horas después despertó deseando que todo fuera un sueño, pero se alegró de al menos haber hecho un amigo nuevo; mientras se desperezaba y despabilaba notó no solo la ausencia de su querido nuevo amigo, sino también de la poca comida y agua que tenía consigo y así mismo de sus herramientas: Le había robado todo, todo, hasta las últimas esperanzas.

Un ataque de pánico hizo que su cuerpo temblara como una hoja al viento en otoño; de los nervios y de la desesperación comenzó a reír a carcajadas mientras a la vez lloraba; vio su vida pasar frente a sus ojos mientras tiritaba de frío, el hambre y la falta de proteínas ya impedían que su cuerpo generara algo de calor.


Murió con una sonrisa irónica, sabiendo que su querido paisano, luego de tantos años, lo hizo sentir como en casa.

martes, 5 de abril de 2016

Después de conocerte



¿Recuerdas acaso aquella lejana vez que nos cruzamos algún tiempo sin relojes en el que coincidimos cuando presentaste tu primer libro? Sí, soy yo la misma a quien le autografiaste el libro y cuyo nombre te sonó tan familiar a pesar de nunca antes haberme conocido. Pues, tengo algo que contarte.
En un plano diferente, tiempo después cuando ya no coincidimos en edad pero sí en ganas de conocernos y de compartir algo más que un apurado intercambio de palabras, te encontré y allí estabas, maduro, un hombre hecho y derecho, con una timidez olvidada y más que decidido, y a pesar de tus grandes logros y de ser tan interesante en todos los aspectos, había en ti un intento acertado de modestia que a veces aparentaba humildad, humildad de saber que todo lo logrado fue gracias a tu esfuerzo, pero a la vez de no olvidar lo que te tomó llegar a donde estás.
Debo confesarte que, a pesar de haberte conocido en ese preciso momento quince años atrás y de la atracción que sentí por ti cuando te escuché hablar; supe efectivamente que no eras mi amor; mi amor aún me habría de encontrar tres lustros después para hacerme caer rendida a sus pies, perdidamente enamorada, sin retorno.
¿Te gustaría saber cómo serás en el futuro? Sé que es capcioso conocer aquello que sucederá con uno mañana, porque tal vez al saberlo ello implicaría cambios prohibidos en el presente que terminarían por afectar en demasía el futuro, pero no te preocupes, que esta carta peca de inocente y no causará mayor estragos que un amor estable y puro dentro de algunos años.
Déjame que te describa cada una de las características que te componen, en el hoy mío, en el mañana tuyo: Eres el hombre perfecto, la pieza que le faltaba a mi rompecabezas y todos los clichés de la historia universal “mi media naranja”, “mi otra mitad”, “mi complemento”, “mi alma gemela”, “el amor de mi vida”.
Te habrás de convertir –pues no sé cómo eras antes- en un hombre maravilloso, atento, gentil, romántico, hermoso por dentro y por fuera, inteligente (es evidente que siempre lo fuiste) y risueño; si hay algo que amo de ti es tu sonrisa, esa sonrisa con los dientes encimados tan característicos, tan representativos, tan tú. Pero sería una vil mentira afirmar que lo único que realmente amo de ti es tu sonrisa, no; no podría limitar tanto la lista, aunque tampoco podría enumerar todo, sería interminable.
Amo tu mirada, sí, esa mirada de cejas gruesas con una cicatriz en el lado izquierdo que enmarca con mayor intensidad cada gesto, cada pensamiento que se cruza por tu mente, esa forma en la que me miras y con la que me dices todo aun estando en silencio; tus manos, perfectas, son las que desde que nuestros caminos se cruzaron no soltaron las mías; tu voz, ¡qué maravilloso don! (Dios sí que te tiene un cariño especial), al hablar, al cantar, al susurrarme al oído lo mucho que me quieres y lo importante que soy para ti; está además ese otro atributo que más adelante conocerás, ese que tanto me encanta, ese que al ser alabado genera que una risa se te escape con el gesto infaltable entre incredulidad y sorpresa, ese que inmortalizaré en mármol dentro de algún tiempo.
Quererte me hace bien, me da energía, renueva el aire que respiran mis pulmones, me hace sonreír todo el tiempo, me permite ser vulnerable en tus brazos, que ambos seamos uno cuando estamos juntos y que mis manos puedan demostrar la alegría que me da volverte a ver (se me congelan, pero ya le vas a tomar el hilo a eso).
Pero lo que más me gusta de la interminable e infinita lista, es la combinación de dos seres: tú y yo; ni te imaginas el par que seremos en el futuro, debido a una conexión automática que tuvimos en un principio y que supimos mantener con el tiempo, acrecentando nuestro amor, que es una mezcla perfecta de todo aquello que nos gusta a los dos: pasión y dulzura.
No te esfuerces por acelerar el tiempo para encontrarme, falta mucho aún, pero cuando nos volvamos a cruzar te prometo que valdrá la pena, valdrá cada segundo de tu tiempo dedicado a mí, valdrá cada beso, cada caricia, cada momento, me encargaré todos los días de que te sientas tan querido como nunca antes y de ser tuya, siempre, como alguna vez en silencio te lo prometí.

No recordarás nada de esto ni aun cuando nos volvamos a encontrar, es mejor así, ya que el tiempo tiene sus razones y aún nos quedan algunas experiencias por vivir antes de que llegue ese momento que cambiará por siempre nuestras vidas, ese momento que entre bromas lo atribuirás a brujerías debido a que tu lógica no encuentra mejor (ni más descabellada) justificación a eso loco que habremos de sentir el uno por el otro. Nos vemos, amor mío, y aunque tampoco recuerde nada de esto, de alguna manera te estaré esperando, para que así, en el tiempo oportuno, nuestras almas se reconozcan y vuelvan a ser una sola.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Inoportuno: “Fuera de tiempo o de propósito”


Así debería de denominarte, ya que apareciste en mi camino “fuera de tiempo”, aunque tal vez, haya sido el tiempo exacto, no estoy segura, solo sé que no pretendo quererte como si no hubiera mañana, porque simplemente decirte adiós, podría acabar conmigo.

Las despedidas ya me cansaron, no podría decir que me aburrieron porque normalmente el dolor no deja mucho espacio como para que otro sentimiento comparta lugar con él. No deseo despedirme, me cansé de deshidratarme a puro llanto, sufriendo por la idealización de algo que nunca tuvo futuro desde sus comienzos; ya no quiero llorar.

Inoportuno pero encantador, ¿no es acaso más inoportuno? Sabes hacer todo aquello que hechiza, tus intenciones son francas y tus fuerzas inagotables, no te rindes, no te das por vencido, no pierdes un solo minuto de tu tiempo, y aquí estamos, tú con el Carpe Diem y yo intentando no exponerme, no sentir y por lo tanto, bajo ninguna circunstancia, enamorarme.

Aquí me tienes, pendiente de ti y de todo aquello que te rodea, y eres una completa sorpresa en mi vida, y rompes mis esquemas y yo los tuyos, y somos tan semejantes y tan diferentes a la vez, y no me aburres y me robas sonrisa tras sonrisa, y ya se me agotaron los artilugios para no caer perdidamente enamorada de ti.

Te quiero y me quieres, pero no deseo más, no sé ni qué deseo, solo sé que quiero encerrarme en mi mundo a esperar a que te vayas y que todo sea más fácil desde allá, adentro, en el fondo, sin escuchar tu filosófica voz haciendo preguntas retóricas existenciales que sin duda no puedo responder.

Y eres para mi desgracia un todo imperfecto, tal y como me gusta, y me conoces demasiado aún sin conocerme, y valoras mi unicidad y la destacas entre halagos, caricias y gestos, mi pregunta retórica-filosófica-existencial es la siguiente: ¿Por qué ahora? Muchas veces la vida, el destino o como quieras llamarle, nos presenta oportunidades únicas que simplemente no podemos dejar pasar; por lo general no encontramos la moraleja hasta después de mucho tiempo, si es que logramos hallarla. Estoy en medio de una duda magnífica, si eres así conmigo, si posees todas las cualidades que se me antojan, entonces ¿qué enseñanza podría sacar de enamorarme perdidamente de ti para luego decirte adiós?

Soy una persona que piensa en todo, que reflexiona, tal vez en demasía, pero por lo general no puedo evitarlo, y esto me lleva a preguntarme ¿por qué nos enamoramos de quién no pasará el resto de sus días a nuestro lado? No me refiero a una decisión tuya sino a que yo deba partir y dejarte así como si todo hubiera sido nada más que una linda experiencia de intercambio por unos cuantos meses.

Lo siento, no puedo arriesgarme tanto, no puedo invertir todo en amarte para luego tener que dejarte ir, soy tal vez egoísta o quizás simplemente débil, lo que es bastante triste; y de solo imaginarme esa escena, despidiéndome, oigo a mi alma apedazarse.

lunes, 26 de octubre de 2015

Reflexiones de un día cualquiera


Dicen los que saben que la percepción es muy importante, que permite dilucidar aquello que los sentidos no captan y mal interpretan o simplemente no quieren interpretar.

Mi percepción me dice algo que mis sentidos no logran captar, algo que se me está escapando de manera escurridiza y que no logro definir, ese algo lo es todo, ese algo es clave pero no sé qué es.

“No todo lo que brilla es oro” y “cuando el milagro es muy grande hasta el santo desconfía”, son dos frases célebres más que acertadas, además de “no hay peor ciego que aquel que no quiera ver”, y quiero ver, me da miedo saber lo que descubriré pero tarde o temprano lo haré.

Ojalá el tiempo se detuviese para así poder pensar con claridad, con soltura y dejar de tomar decisiones precipitadas una tras otra, ojalá aprovechara mejor el tiempo para tomar esas decisiones, y ojalá las decisiones difíciles pudieran ser tomadas por una suerte de oráculo que sabe lo que es mejor para mí y cuya decisión es indiscutiblemente acertada. Ojalá, pero no es así.

Ojalá los seres humanos fuéramos más sensatos en nuestro proceder, dañamos el ambiente que nos rodea, lastimamos a quienes nos quieren, nos aislamos cuando nos necesitan, abundamos cuando se quiere estar solo, hablamos cuando es inoportuno y callamos cuando el otro solo espera una palabra de nuestra boca, y el orgullo nos traiciona y no pensamos con la cabeza, pensamos con el impulso y así se nos pasa la vida en un abrir y cerrar de ojos.

Interpretamos mal reacciones ajenas, emitimos señales erradas que terminan por causar estragos de alguna u otra manera, nos equivocamos más de lo que acertamos, y luego nos arrepentimos de lo que hicimos, o dejamos de hacer.

Esto de vivir en la sociedad, como parte de ella es una cuestión de convenciones, y a pesar de las reglas generales que se encuentran estipuladas, esto parece ser una ecuación compleja en manos de un literato.

Y el estrés abunda y lidera nuestras vidas y no hay tiempo, no hay un minuto para detenernos y relajarnos porque siempre hay algo que hacer, y nos olvidamos de tener tacto con los demás y usamos tonos de voz que son ajenos a nuestra naturaleza pacífica, y día a día destruimos aquello que más amamos, somos predadores de lo que nos es indispensable.

Nos hablamos con ausencia de vocativos como si el otro tuviera la obligación de darse por entendido o darse por querido porque claro, es una pérdida de tiempo hablarle a una persona dirigiéndonos a la misma por su nombre o por aquel bello sustantivo que alguna vez prostituimos repitiéndolo como disco rayado.

Y se nos pasan los años y así la vida, suponiendo demasiado, suponiendo que todos los demás entienden nuestra lucha interior, suponiendo que seremos incomprendidos y que lo mejor es callar hasta reventar, y suponemos que somos los únicos que pasamos por eso, que todos los demás tienen su vida resuelta detrás de esa sonrisa falsa que visten cada mañana y que a la noche en la privacidad de sus habitaciones, cuelgan en el closet y que luego la transmiten a través de fingidos emoticones con mil gestos diferentes que hace tiempo no son lucidas con sinceridad.

Damos por sentado todo en nuestra rutina, y cuando algo cambia abruptamente, cuando alguien se marcha porque no da para más, quedamos sorprendidos e hipócritamente ofendidos ya que no lo esperábamos, pues claro, pensamos que con el mínimo esfuerzo, todo estará en el lugar que corresponde.

Vivimos una vida llena de actividades que carecen de verdadero valor, llenamos de ocupaciones nuestros días y no permitimos que siquiera quede un momento significativo en cada jornada, que mañana se convertirá en un bello recuerdo que tal vez al recurrir a él en momentos aleatorios, nos robe una sonrisa sincera, de esas que no se necesitan forzar.

Al final de una no breve cantidad de tiempo transcurrido, coleccionamos honores, logros académicos, fotografías de buenos momentos que en realidad no reflejaban absolutamente el contexto, y poseemos más objetos que carecen de importancia, y coleccionamos amigos virtuales y nos olvidamos de cómo olía un libro nuevo y como sabe una buena taza de café recién molido, nos olvidamos de recordar esos pequeños detalles que los demás tuvieron por un buen tiempo con nosotros y que dimos por sentado, como todo lo demás, como el éxito logrado en distintos ámbitos cuando nos olvidamos de ese chiquillo que todos llevamos dentro y que alguna vez fue el motor de nuestros sueños que nos llevó a estar parados donde estamos hoy.

Ojalá me deshumanizara un poco en el día a día, no para ser aquella definición peyorativa de “deshumanizada” sino para perder aquel defecto de la humanidad que tanto daño causa, que tanto dolor transmite, que genera malos ratos, carencias de risas y de Carpe Diem, ojalá volviéramos todos a esa cualidad animal que nos identifica en las ciencias naturales, no para volvernos salvajes ni nada por el estilo, sino para ser más agradecidos con lo que nos rodea, que nuestra mayor preocupación sea alimentarnos en el día a día y mantenernos con vida y que lograrlo sea motivo de algarabía, y que no llenemos nuestra rutina de actividades, labores, compromisos que nos llevan a mayores adquisiciones y que al obtenerlas nos damos cuenta de que jamás estuvimos más lejos de ser felices, de sentirnos amados, de estar agradecidos. Con esto no afirmo una relación unívoca entre adquisiciones e infelicidad, más bien me refiero a que a veces estamos tan ensimismados en la meta que olvidamos disfrutar el camino, y cuando por fin la alcanzamos, esa expectativa de explosión de felicidad en el pecho no es más que una vaga chispa que ni pudo encender una pequeña llama.

Irónicamente yo misma debería de aplicar esto a mi vida, son tan breves los momentos de reflexión, de disfrute, de felicidad que pareciera que me veo absorbida por una rutina que ni siquiera la considero mía, a veces pareciera que vivo una vida ajena, mientras espero a que llegue mi suplente, tome mi lugar y me diga que soy libre de irme a hacer lo que quiero.

Es patético, lo sé, no tengo la certeza de tener más adeptos en esta pequeña reflexión, sin embargo no creo ser una isla que interpreta de una manera tan aislada las circunstancias que le toca vivir, o que yo misma en realidad atraje a mis días.

Vivimos en una época, en una sociedad que tiene la cura para todo, sin embargo jamás he visto gente más miserable, taciturna y con semejante una mirada perdida, caminando como autómata sin vestigios de felicidad y satisfacción en su rostro; hay pastillas para todos los males: para la depresión, para la ansiedad, para el estrés, para dormir, para mantenerse despierto, para los dolores de cabeza, los dolores musculares, para todo tipo de expresión y sensación que nos recuerde que nos componemos de emociones, que sentimos, que sufrimos, que amamos y que extrañamos y que nada de eso es correcto.

 Ojalá recordáramos descalzarnos para conectar nuestros pies a esa tierra que nos vio germinar, ojalá disfrutáramos de la lluvia, del frío, del calor y de las flores primaverales, ojalá el aroma a flor de coco en el mes de octubre nos robara una sonrisa por hacernos recordar que se acerca la navidad en vez de deprimirnos porque ya se acaba el año y que una vez más postergamos mucho, no alcanzamos a efectuar ni la mitad de la lista que nos planteamos ejecutar la última vez.

Ojalá fuéramos agradecidos con aquello que nos rodea, no a manera de un patético conformismo, sino que nos diéramos cuenta de que hoy es el momento, hoy es el momento especial que tanto esperábamos para lucir aquella prenda que guardábamos con celo en el ropero, hoy es el día para usar ese perfume, para vestir una bella sonrisa y dar los buenos días a cualquier persona que esté dispuesta a recibirlos, y así que la vida se nos llene de aparentemente insignificantes momentos que en su suma nos den aire, que eviten que nuestro pecho se llene de puntadas, nuestras noches de insomnio o pesadillas y que levantarse por la mañana no sea tan difícil al igual que acostarse por la noche.

Ojalá viéramos que el don de la vida es suficiente para ser felices, que todo lo demás es un mero producto del marketing que otros seres humanos inventaron para llenar de papeles impresos en color verde sus sofocados bolsillos, ojalá nos diéramos cuenta de lo que realmente importa y que no es egoísta permitirnos ser felices, hacer lo que nos guste sin tener que justificarnos y amar con locura, con pasión lo que sea que amemos, como si no existiese un mañana.


Photo: Biera Cubilla

jueves, 22 de octubre de 2015

Pasado

Ha transcurrido más tiempo sin ti que ese brevísimo plano que compartimos, una vida atrás, o tal vez dos.

No puedo escuchar esas músicas que juntos vivimos noche tras noche, entrelazados en el silencio, no puedo simplemente pretender que ya te olvidé, eso implicaría suponer que no fuiste suficiente y ojalá no lo hubieras sido.

La primera canción que me habías dedicado hablaba de dejarte entrar a mi corazón, una letra cursi pero con un ritmo tan peculiar como tu personalidad, y en el coro decía que el amor aparece cuando uno menos espera y nada importa, ni el lugar, ni la edad, ni el tiempo. Es complicado conocer a tu alma gemela, a ese ser que te complementa, que encaja perfectamente contigo y que luego la vida decida que no es oportuno y que tal vez nunca se vuelva a repetir. ¡Gracias, Vida!

Los meses pasaron lentamente, al comienzo fue peor porque sabía que mis manos no estarían unidas a las tuyas por la eternidad, se sentían incompletas y vacías sin tus dedos enredados con los míos, como aquellas veces en las que podíamos tomarnos horas solamente para acariciarnos, para mirar cómo la mano del uno encajaba con la del otro como si no hubiera habido en la tierra mejor espectáculo, y no te mentiría si te digo que podría pasar nuevamente hora tras hora, haciendo exactamente la misma tarea.

Te extraño tanto que debo enfocarme en olvidar que exististe, pero día a día, a pesar de todo, sigues ahí, clavado en mi mente y ya se me están acabando las estrategias para sacarte de allí.

No nos dio el tiempo de tomarnos una foto, fuimos imprudentes al pensar que estaríamos siempre juntos, que no había apuro, que la única prisa que teníamos era la de vernos y envolvernos en besos y caricias hasta que la realidad nos pegara fuerte y nos dijera que ya era suficiente por ese día.

Y sé que te disfruté cada segundo, cada instante que te tuve conmigo, a mi lado y sé que no me puedo reprochar nada porque te di más en ese breve tiempo que a nadie en toda la vida mía.

En ese mundo de ficción tuvimos todo, pero no era más que eso, una ficción insostenible; un amor fundado sobre bases de nubes y aire en cuyo horizonte se divisaba un inminente colapso. Y pensar que nos dimos el gusto de planear nuestras vidas, juntos; la rutina que llevaríamos, y cómo estarías para mí y yo para ti, y así fue, y funcionó para nosotros por un tiempo.

Sin embargo, te extraño, te tengo aquí atragantado en el medio del pecho y no sé cómo sacarte de allí, a pesar de todo, a pesar de haber roto todo parámetro que establecimos implícitamente desde que nos enamoramos.

¡Ay! ¡Nos enamoramos! Sí, fue apresurado, loco, incoherente, absurdo, pero ¿acaso para el amor hay reglas o estándares? Y si las hay, no me interesa oírlas, solo me importa tu voz, tu tacto, tu calor y tu existencia, que ya no está cruzada con la mía, que tan atrás quedó, que ya no recuerdo cuándo fue, que ya no estoy segura si fue o no y no sé si te soñé o fue real. Sí, tal vez te soñé, tal vez te imaginé porque me es imposible aceptar el hecho de haberme enamorado de mi alma gemela y no haber tenido una oportunidad un poco más larga, con más trama, así, como para no olvidarte jamás y que me dolieras más al despedirme de ti, porque hasta el dolor de perdernos hubiera valido con tal de haberte podido disfrutar un poco más, solo un poco.

Debo dejarte ir, no puedo siquiera imaginar que habiendo sido uno, hoy seamos dos completos extraños que pretenden no haberse jurado amor eterno frente a aquella luna llena que fue el único testigo, callado en el silencio de esa interminable noche que llegó a su fin.

Ph.: Biera Cubilla 

lunes, 19 de octubre de 2015

Let me tell you something about him


Let me tell you something about him, but I must warn you, only by the things that you will read about him, you might get deeply in love with him.
He is the most perfect man on earth, yes, I know, every girl says that when she’s in love, but not me, I got to tell you that at first I just observed him, from the distance, to read him, to understand his intentions, and I was wrong since the beginning.
I thought different about him since the first minute we meet, his smile made me smile and by the way he looked at me while smiling and trying to hold my hands on that table of some Japanese restaurant, I was shaking inside, my hands were cold, I couldn’t concentrate.
I really do not believe in first-sight-love, but now that I love him in such short amount of time, I must affirm that since that first night, we just clicked and he always said we would it, and I always said we wouldn’t.
So the days went by, also the weeks, and now we can’t be apart from each other, he is just the way he should be, you know? He is the perfect combination between intelligence and attractiveness, he is smart and kind, he laughs at my jokes and he always looks at me as if I were the only person in the world, and did I tell you that when I am with him, I can’t stop smiling? I think that sooner or later my cheeks will hurt so bad…
He is independent and he knows what he wants, he doesn’t waste his time and he will do anything to spend all the free time he has, with me.
Every time he looks at me and says “Hello my love” with that particular way he has and his very own accent, I actually forget how to speak at all.
He is that kind of man that will write to you a letter and will sign it “Yours”, that kind that will hold your hand while driving, that kind that won’t let anything to interfere his special time with you, and when he holds you, oh dear! That must to be how heaven feels like.
He is that perfect kind of man that is always happy to see you, that asks about your day and says to you to take care when you go home, that one who tells you to spend the night just because he won’t let you go, and you both know that sleeping together, holding each other, is perfection.
He is that half that I was missing, and he loves me as much as I love him, but sometimes we aren’t sure if the other one realizes it.
He knows that I am special and different and he loves that about me, he respects me and he is very gentle, he doesn’t need years to get to know me (me neither), he already knows what I like or not, what I do or not and he just…, he lives every day as the last.
I adore him, he is my other half, and we both are writers, but I have no words to describe him as he is; he makes me feel things I never knew that existed or I only have read about them in some old books.
He is proud to walk next to me, to hold my hand, to hold me and he is only “worried” about being happy and making me happy and comfortable. And yes, he is real, and I’m lucky enough to breathe the same air he breathes, to kiss his lips, to touch his skin, to caress his hair while he closes his eyes.
I know, you want someone like that too, we all do, I hope someday you will be as lucky as I am, to be as happy as I am, to count the hours to see him back, to embrace every single moment that you share, to miss him every single second that you are apart, I hope someday you will feel this for someone, because this is how I feel about him always.
*Photography: Biera Cubilla ©

martes, 28 de julio de 2015

Sonrisa eterna

       
    Ella, típica ama de casa. Marido, hijos, auto, hogar, barrio residencial.

    Dicen que cada casa es un mundo aparte, y esta no era la excepción.

   Ama de casa perfecta, obsesiva en detalles, esperaba una respuesta afectuosa y agradecida de sus cercanos.

  Los vecinos los admiraban, era la familia de portadas de revistas que se podrían titular “Cómo ser felices” y “El hogar perfecto”.

   La realidad detrás de las puertas diferente, con un esposo desinteresado e infiel y dos hijos aburridos y desagradecidos de semejante madre.

  Ella, abusada psicológicamente, había dejado en el pasado esas voces que le atormentaban, diciéndole que cometiera maldades.

 Luego de la cena impecable que había preparado por horas, de mala gana los tres se sentaron junto a ella a comer, sin saborear ni agradecer.

 Esa fue su última cena, envenenada.


 Con un filoso y preciso cuchillo de cocina, cortó los extremos de sus bocas, para que no dejaran de sonreír, nunca…